Los campos de batalla de Leipzig, Justus von Liebig y América Latina

Las historias de América Latina y Europa están, sin duda, entrelazadas. Una forma de entenderlas es como ciclos de “fracturas” entre sociedades y naturalezas que se reactualizan, en estos tiempos, bajo la forma del extractivismo y las resistencias.

Durante el siglo XIX, la disminución de la fertilidad de suelo constituía la principal preocupación medioambiental de la sociedad capitalista en toda Europa y América del Norte, comparable únicamente con las preocupaciones a que daba origen la creciente contaminación de las ciudades, la deforestación de continentes enteros y los miedos malthusianos de superpoblación.

El pánico frente al “agotamiento del suelo” condujo a un tremendo aumento de la demanda de fertilizantes. Esto fue, a su vez, lo que desembocó en lo que los historiadores agrícolas llaman la “segunda revolución agrícola” (1830-1880) y que caracterizó el crecimiento de la industria de los fertilizantes y el desarrollo de la química de los suelos, que se asocia en particular con la obra de Justus von Liebig.

Justus von Liebig fue contratado en 1837 por la Asociación Británica para el Fomento de la Ciencia para que estudiara la relación entre agricultura y química. En 1940 Liebig publicaría su libro Química agrícola, aunque la “Introducción” no sería publicada (en Inglés). La razón era que el “agronegocio” de la época en Inglaterra la consideró excesivamente crítica con la “alta agricultura”.

Allí, precisamente en esa Introducción censurada, Liebig afirmaba que “los campos (catacumbas) de Leipzig, Waterloo y Crimea” habían sido saqueados por los agricultores europeos desesperados por conseguir huesos para esparcir sobre sus campos. Sólo luego de este saqueo local comenzarían a llegar desde América Latina los barcos cargados de guano peruano inicialmente, y nitrato de Chile después.

Este es el contexto de la crítica de Marx a la agricultura capitalista, que hoy ha devenido parte de la lógica extractivista. Evidentemente el capitalismo necesitó y necesita al extractivismo.

Por nuestra parte, nos encontramos en Leipzig compartiendo historias y un presente problemático. Es nuestra tarea movilizar todas las energías sociales y naturales necesarias para revertirlo.

 

Por Facundo Martín

  • Alex Arlt

    Estructuras políticas aún presentes en Latinoamérica son el resultado de la obcecada necesidad de mantener el poder en un ciclo al cual se le dificulta comprender lo urgente del cuidado de los recursos naturales no para el enriquecimiento capital sino para garantizar el mantenimiento de la calidad de vida experimentada por cada uno de nosotros en la cotidianidad que se ve afectada por el influjo de la modernización. Tomo aire para recordar que estoy vivo.