Hartmut Rosa – imaginarios neoliberales y como salir de ellos

Estamos atrapados en una máquina orientada hacia el crecimiento. No solo el crecimiento material o económico – está en nuestras cabezas y en nuestra alma. Es una lógica de incremento, de aceleración e innovación incesante. Nunca es suficiente, siempre hay que superar lo anterior.
No está, como nos dicen, en la naturaleza humana. Más bien es una necesidad del sistema, el capitalismo necesita crecer para existir.
Qué nos empuja a seguir está lógica? Más que la codicia, es el miedo, el miedo a quedarnos fuera del sistema, el miedo al fracaso. Si no participamos en la carrera, sentimos culpa: “el tiempo es dinero” (acumular materialmente), “debería ver a mis amigos” (acumular capital social), “debería hacer ejercicio” (mejorar nuestra apariencia o capacidad física), “debería ver las noticias” (acumular conocimiento). No nos permitimos no hacer nada, siempre estamos preocupados en mejorarnos, innovarnos.
Una sociedad post-crecimiento no es necesariamente una sociedad que nunca crece o que decrece, es una sociedad que se libera de este imperativo de crecer permanentemente y ciegamente. Sin embargo, puede crecer en ciertas áreas, siempre en base a necesidades concretas, no ciegamente por lógica sistémica.
Qué le da tanto poder sobre nosotros a esta lógica del siempre más? Está basada en la coerción, pero también tiene cierta atractividad, está conectada con una idea de buena vida. Esa idea está relacionada con las oportunidades que están a nuestro alcance. Aunque no las aprovechemos en la practica. Expandir el mundo que está a nuestro alcance – aunque no podamos realmente disfrutarlo. El conocimiento pone el mundo a nuestro alcance, los teléfonos inteligentes lo hacen, los viajes lo hacen. Aunque en la lógica capitalista, se nos vende una promesa de vivencia y finalmente es un simulacro de vivencia, efímera, como el turista que viaja a Kenia pero se queda en un hotel de una cadena que en su ciudad natal sería exactamente igual. El capitalismo nos promete, en sus comerciales, que podamos comprar experiencia, aventura a través del consumo de objetos – y siempre nos defrauda, nos decepciona el objeto comprado.

Como nos sacamos esto de la mente? Lo que realmente anhelamos es relacionarnos, crear resonancias con el otro. Eso son los momentos importantes de nuestras vidas. La ecología no tiene que ver con la preservación de recursos, tiene que ver con el deseo de relacionarse con la Naturaleza, que nos tiene algo que decir. Llamo resonancia a esta relación con algún otro que nos habla con voz propia – eso son los momentos que recordamos, que vale vivir.
También la democracia tiene que ver con esto: Aspiramos a que sea escuchada nuestra voz, a actuar colectivamente – a crear formas políticas de resonancia. Pero presenciamos una forma de democracia, la representativa, en la que se trata solamente de dar nuestro voto, casi de entregar nuestra voz.
Es cierto, no podemos confiar en que el crecimiento basado en necesidades no sostenga el sistema – porque el sistema crea nuevas necesidades en permanencia. Necesitamos espacios democráticos, deliberativos, en los que debatimos acerca de lo que necesitamos y de lo que no. Aunque sean locales, chiquitos, pero colectivos.

 

Por Miriam Lang